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Playa, terracitas al sol con una cerveza, siestas, días más largos con noches de insomnio voluntario…y como único sonido de fondo, el de las cigarras.

Las cigarras y las hormigas.

Si levantasen la cabeza Esopo y La Fontaine y contemplasen la versión 2.0 de su fábula…

En la nueva versión, la Cigarra es la que menos ha cambiado, sigue sin encontrar medios para subsistir, no se formó lo suficiente, dejó los estudios para surfear la ola del boom inmobiliario y ahora se encuentra sin trabajo dependiendo de la solidaridad familiar.

Pero la Hormiga…

La Hormiga, como en la versión antigua, ahorró, pero sin embargo en la nueva, invirtió en productos financieros o inmobiliarios y resulta que debido a la crisis perdió parte de sus ahorros, y como colofón, justo cuando pensaba retirarse, se encuentra que el cajón de las pensiones públicas está también vacio.

Pierde la Cigarra, pierde la Hormiga… ¿quién gana?

Sólo unos pocos, la famosa clase extractiva referida por los profesores del MIT y Harvard respectivamente, Daron Acemoglu y James Robinson en Why Nations Fail y unos pocos ratones salvajes: ratones por haberse formado mucho, salvajes porque han dejado la biblioteca y se han ido y vivido de un lado a otro, diferentes países, diferentes sectores, diferentes empresas, jugueteando y viviendo con pasión todo lo que hacían.

Y es que sólo hay un camino y ese es el camino del corazón.

¿Y como acaba la historia?

Con otro miembro de la fauna: el chivo expiatorio.

El antropólogo y filosofo francés Rene Girard denomina rivalidad mimética la propensión de los seres humanos idolatrar a determinadas personas o grupo de personas que surge del deseo inconfesado de apropiarse de sus bienes.

Girard advierte que dicha rivalidad mimética suele acabar en enfrentamiento, revuelta o bien en una salida igualmente irracional: la elección y sacrificio de un chivo expiatorio.

El chivo expiatorio es visto como representante y causante de los males y desequilibrios del conjunto de la sociedad y su sacrificio permite desde el punto de vista psicológico al conjunto del grupo descargarse de la responsabilidad de los propios errores cometidos.

Entre la diversa fauna de nuestra sociedad podrían escogerse a varios chivos expiatorios (con cierto grado de responsabilidad en lo ocurrido): los banqueros, los políticos…

Sinceramente creemos que será difícil que recaiga sobre ellos el castigo social, por lo difícil que es que la clase extractiva se automutile.

Nos aventuramos a apuntar que quizás sea más fácil culpar y “castigar” (con mayores impuestos) a esa clase indeterminada denominada: los ricos.

La moraleja: Estemos atentos a las SICAVs.

Esperamos que lo disfrutéis.




   

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